Procrastinación
Cómo dejar de perder el tiempo: primero mira a dónde se va
Dónde se te escapan las horas (los "un segundito", las tareas que se estiran), una auditoría de una semana y los tres cambios que más tiempo te devuelven.
7 min de lectura
Qué es la técnica de bloques de tiempo (time blocking), cómo planear tu semana paso a paso, por qué dejar márgenes y qué hacer cuando un bloque se cae.
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La técnica de bloques de tiempo (time blocking, en inglés) consiste en darle a cada tarea un lugar en tu calendario, con hora de inicio y de fin, en vez de dejarla en una lista para hacerla "en algún momento". Para que funcione, primero anota tus compromisos fijos, pon lo más importante en un bloque protegido temprano, deja márgenes entre bloques y, cuando uno se cae, rehaz el resto del día en lugar de tirarlo a la basura.
Una lista de pendientes te dice qué. Nunca te dice cuándo, así que cada rato libre se convierte en una negociación: esto o aquello, ahora o después de un video más. La lista no pierde esas negociaciones. Las pierdes tú.
Un día organizado en bloques responde el cuándo por adelantado. De 9:00 a 10:30: borrador del informe. De 10:30 a 10:45: margen. De 10:45 a 11:15: correos. Cuando dan las 9:00, no hay nada que decidir. Abres el informe.
La idea es vieja. En su autobiografía, Benjamin Franklin dejó escrito un horario diario: levantarse a las 5, planear el día con la pregunta "¿Qué bien haré hoy?", dos bloques de trabajo, una tarde-noche para poner las cosas en su lugar, un "examen del día" y a dormir a las 10. La versión moderna la popularizó Cal Newport, profesor de informática y autor de Deep Work (2016), que lleva años organizando sus jornadas en bloques. Según su propio cálculo, una semana de 40 horas en bloques rinde más o menos lo mismo que una de 60 horas sin estructura. Es una estimación suya, no un estudio, pero la lógica de fondo sí tiene investigación detrás.
Un bloque es un plan con hora y lugar, y la psicología estudió justamente eso. Peter Gollwitzer los llama intenciones de implementación: planes del tipo "cuando pase X, haré Y". En una revisión de 2006 que reunió 94 pruebas independientes, Gollwitzer y Paschal Sheeran encontraron que quienes armaban este tipo de planes cumplían sus metas bastante más seguido que quienes solo se ponían la meta, con un efecto de tamaño medio a grande.
Un bloque en el calendario es una intención de implementación que puedes ver. "Estudiar química esta semana" es un deseo. "Martes, 19:00, mesa de la cocina, capítulo 4" es un plan, y no espera a que tengas ganas.
También reduce los cambios de tarea. Cuando saltas de una cosa a otra, parte de tu atención se queda pegada en la anterior (la investigadora Sophie Leroy lo llamó "residuo atencional" en un artículo de 2009). Los bloques juntan el trabajo parecido, así que cambias menos y terminas más.
Hazlo el domingo en la noche o el viernes en la tarde. La primera vez lleva unos 20 minutos; después, 10.
Sirve el papel y sirve una app de calendario. El mejor formato es el que vas a abrir todas las mañanas.
La forma más común en que muere un día en bloques es un horario apretado al minuto, sin aire. Una reunión se alarga y todo el día se cae como fichas de dominó.
El motivo es que todos calculamos mal cuánto tardan las cosas. En un estudio conocido de 1994, Roger Buehler, Dale Griffin y Michael Ross les preguntaron a estudiantes de psicología cuándo terminarían su tesis de grado. En promedio dijeron 33,9 días; en promedio tardaron 55,5. Se llama falacia de la planificación, y aplica a tu martes tanto como a una tesis.
Así que agranda tus bloques. Si crees que algo lleva una hora, reserva una hora y media. Si terminas antes, ganaste tiempo. Si no, el margen salva al bloque siguiente. Un horario con holgura que cumples le gana a un horario perfecto que abandonas a las 11 de la mañana.
El primer bloque del día es el que más vale defender, porque llega antes que los mensajes, las reuniones y las opiniones del resto del día. Pon ahí tu tarea más importante y trátala como una cita que no se puede cancelar.
Y el bloque solo funciona si a esa hora ya saliste de la cama. Si el botón de posponer la alarma se come tu primer bloque una y otra vez, arregla primero el despertar.
Esta semana algún bloque va a fallar. Te llaman, la tarea era más grande de lo que creías, se te va una hora en el celular. Eso no demuestra que el método no sirve. Demuestra que es martes.
Cal Newport lo dice sin rodeos: el mayor malentendido sobre los bloques de tiempo es creer que la meta es cumplir el horario pase lo que pase. La meta es seguir decidiendo para qué es tu tiempo. Así que cuando un bloque se rompe:
Si el mismo bloque falla todos los días, no es un problema de disciplina: es un mal bloque. Cámbialo de hora, acórtalo o divídelo.
Si miras una semana en bloques y día tras día no te queda energía para nada, puede que no sea un problema de organización. Vale la pena hablar con un médico o con un profesional de salud mental, y en nuestra página de soporte hay líneas de ayuda. Y si antes de bloquear quieres ver a dónde se van tus horas, en cómo dejar de perder el tiempo hay una auditoría de una semana.
No planees la semana entera todavía. Abre tu calendario, busca mañana a primera hora y crea un solo bloque: de 60 a 90 minutos, una tarea, una hora de inicio y un lugar. Después ponle un margen de 15 minutos. Mañana, cuando llegue esa hora, no habrá nada que decidir. Solo te toca aparecer.
Es asignarle a cada tarea un espacio concreto en tu calendario, con hora de inicio y de fin, en lugar de dejarla en una lista de pendientes sin fecha. El calendario se vuelve el plan, y cada bloque responde a la pregunta "¿qué hago ahora?".
Muchas veces se usan como sinónimos. Cuando se distinguen, time blocking es reservar un espacio para un tipo de trabajo, y timeboxing es darle a una tarea concreta un tiempo fijo y parar cuando se acaba.
Para trabajo que exige concentración, entre 60 y 90 minutos es lo habitual, y de 25 a 50 minutos funciona bien si recién empiezas o la tarea es desagradable. Las tareas chicas, como el correo, rinden más juntas en un bloque de 20 a 30 minutos que repartidas por todo el día.
No abandones el día. Tómate dos minutos para rehacer los bloques de las horas que quedan, moviendo o recortando lo que ya no entra. Cal Newport, que popularizó el método, dice que la meta es seguir decidiendo para qué es tu tiempo, no obedecer el primer borrador.
Ayudan, porque un bloque con hora y lugar elimina la decisión diaria de cuándo empezar. No arreglan una tarea que evitas porque te hace sentir mal, así que combínalos con un primer paso muy pequeño dentro del bloque.
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